miércoles, 14 de septiembre de 2011

Vidas.

Esa sensación cuando eres adolescente, cuando conoces una persona, en que la ilusión aborda tu corazón, te enamoras locamente, lo ves todo del color de rosa, y piensas que los sueños que corren por tu cabeza se harán realidad. Sientes la pasión del amor, el fuego ardiente que arde entre los dos y que tiene encendida esa llama del amor. Pasa el tiempo, los días, te invade la rutina y la indiferencia, desconfías de tu pareja, ¿celos? Tal vez, no hay confianza, MALO. Sin confianza, crecen las peleas que acaban llevando la relación a su fin.
Después sientes melancolía, añoras todo lo pasado, todo lo vivido, todo lo sentido... Pero eres fuerte, alzas la cabeza y miras al frente, constancia, esfuerzo, lucha por todo y tendrás tus sueños, llegarás lejos. Hasta que la envidia se cruza en tu camino, todo el mundo te lo pone difícil, te hacen la vida imposible, te vienes abajo y sientes nostalgia, vuelves a añorarlo todo y llega la soledad, te sientes solo, no tienes a nadie, o eso crees, porque pronto llega la esperanza reflejada en tus amigos que te animan, te ayudan y te enseñan que siempre estarán ahí ayudándote, apoyándote, luchando contigo sea cual sea el fin. Lo verdaderamente positivo de estas situaciones es que maduras y te das cuenta quien vale la pena y quien no, encuentras personas que tal vez son más de lo que creías para ti y conoces a otras nuevas personas que de no ser nada en tu vida, ahora pueden llegar a ser uno de los puntos más importantes de esta.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Vive la vida.

Cuenta una pequeña historia que un hombre andaba por un bosque en el que todo era perfecto. Él mismo se decía "que maravilloso es todo a mi alrededor". Las flores tenían un vivo olor y color, los animales vivían en un entorno no contaminado en el que podían correr y estar a sus anchas. En este entorno había sitio para todos y ninguno entraba en disputa con cualquier otro animal. El hombre feliz paseaba por este curioso bosque cuando de repente se encuentra un tigre, que hambriento le ataca. El primer acto reflejo de este hombre es correr hacia el primer lugar libre ve, que para su sorpresa tras varios segundos corriendo es que acaba en un precipicio. El hombre, asustado se asoma al precipicio para ver en qué acababa la gran caída que podía ver hacia abajo, que para su sorpresa, acababa en un gran río de agua clara y fondo profundo, perfecto para saltar. Pero apurando más la inspección de este río, pudo observar que estaba infectado de cientos de cocodrilos. En esos instantes llegó el tigre, que lo acorraló contra el precipicio. Este hombre lo único que pudo hacer fue saltar al precipicio, tras varios segundos de meditación, y cogerse con fuerza a una rama que sobresalía de la pared. El hombre, asustado, sin saber que hacer y pensando cómo saldría de esa difícil situación con vida, vio un moredo frente a él, que tenía una mora del tamaño de un puño cerrado y con el color más vivo y con pintas de estar sabrosa y jugosa como ninguna mora que hubiera probado antes. Ante esto, solo se le ocurrió extender uno de sus brazos, coger la mora y comérsela, saboreandola y disfrutando de su gran sabor.


Esto me lleva a la conclusión de que hasta el último momento de nuestra vida, por difícil que sea una situación, por complicada que pueda parecer, aunque veas tu mundo lo más negro posible y viendo que todo se puede acabar en cuestión de segundos, de que disfrutes todo lo que se te ponga delante, sea el momento que sea, pase lo que pase, porque puede, que por no aprovecharlo en ese diminuto instante, no puedas volver a disfrutarlo más en tu vida.
Recuerda que los momentos pasan un vez, una única vez, y si no eres capaz y no tienes el valor de agarrarte y disfrutar de ese momento, jamás volverás a poder disfrutarlo como en ese instante.