Ya no entiendo nada, todo me molesta,
desde que no estás mi sonrisa duerme su más larga siesta.
Ni fiestas, ni paseos, solo verte deseo,
aquellos viejos mensajes veinte veces al día leo.
No creo que seguir buscándote sea lo mejor,
necesito controlar esto que estoy sintiendo, amor.
Para olvidarte no tengo valor,
ya no quiero respirar el aire, si ese aire no trae tu olor.
Eres la flor fantasma en mi jardín, mi gran anhelo,
mi nube en el infierno, el fuego en medio del cielo.
La ilusión bonita, que camina por mi pensamiento,
y va sembrando la esperanza de verte aunque sea un momento.
Siento que lo que siento, solo yo lo siento,
por eso me veo solo y triste al final de este cuento.
Lo lamento, no te miento, tengo que mucho que brindarte,
muchas cosquillas que hacerte, muchas caricias que darte.
Te doy un beso en la vida, ante tu partida callo,
esto va más allá del sexo, sin tus besos no me hallo.
Pongo el disco de Ayo, me acuesto, pienso en ti,
y en lo feliz que fuera si estuvieras ahora aquí.
Esta vida loca, esta sensación tan loca,
esa sonrisa tuya que al besarla me provoca.
Esta ciudad tan loca, toda esta gente loca,
que con tanto apuro ya no se disculpan cuando chocan.
Me toca decirte que cuando me tocas tiemblo,
que eres el Dios que se venera dentro de mi templo,
que solo tengo tiempo para pensar que me besas,
que a diario pasas por mi casa y me abrazas con fuerza.
Con la inocencia de un niño y la fuerza de un huracán,
mi mente y mi cuerpo amándote en todo momento están.
Es tan difícil olvidar el sabor de tu boca,
y esa belleza tan inmensa que no depende de la ropa.
El mundo rota, el tiempo trota y sigo ahí sin duda,
imaginándote sonriendo ante mi desnuda.
La noche muda, la cama vacía y el techo,
preguntándose por qué no estás esta noche en mi lecho.
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